El auge del ‘Gymtok’ y la presión estética masculina
Si tienes un hijo adolescente, es muy probable que en su feed de TikTok o Instagram aparezcan constantemente vídeos de jóvenes levantando pesas, mostrando abdominales esculpidos y compartiendo rutinas de suplementación extrema. Es lo que conocemos como Gymtok. Aunque en principio fomentar el ejercicio físico es algo positivo, en pleno 2026 estamos viendo cómo esta tendencia está cruzando una línea peligrosa para la salud mental de los más jóvenes.
A diferencia de hace unos años, cuando la presión estética se centraba mayoritariamente en las chicas, hoy los varones se enfrentan a un bombardeo constante de estándares de imagen corporal masculina prácticamente inalcanzables sin recurrir a sustancias o a una dedicación obsesiva que roza lo patológico.
¿Qué es la disforia muscular o vigorexia?
La disforia muscular, a menudo llamada vigorexia, es un trastorno relacionado con la imagen corporal donde el adolescente se percibe a sí mismo como ‘demasiado pequeño’ o ‘poco musculado’, a pesar de tener una masa muscular normal o incluso superior a la media. Los riesgos de las redes sociales en este sentido son evidentes: los algoritmos de plataformas como TikTok premian los cuerpos extremos, creando una percepción distorsionada de la realidad.
Según expertos en pediatría y salud mental, esta obsesión puede derivar en ansiedad, depresión y, en los casos más graves, en el consumo de esteroides anabolizantes a edades muy tempranas.
Señales de alerta para identificar el problema en casa
Como madres, es fundamental observar no solo cuánto tiempo pasan en el gimnasio, sino cómo se relacionan con su cuerpo y la comida. Aquí te dejo algunas claves para detectar si la afición al fitness se está convirtiendo en un problema:
- Obsesión con el espejo: Pasan demasiado tiempo analizando sus músculos o comparándose con influencers del ‘Gymtok’.
- Alteraciones en la dieta: Empiezan a contar calorías de forma obsesiva, eliminan grupos de alimentos completos o se centran exclusivamente en el consumo de proteínas y suplementos.
- Aislamiento social: Dejan de salir con amigos o evitan eventos familiares si estos interfieren con su entrenamiento o su estricta alimentación.
- Entrenamiento a pesar de lesiones: Sienten una culpa extrema si pierden un día de gimnasio, incluso si están enfermos o lesionados.
- Comentarios negativos sobre su cuerpo: Expresan constantemente frustración por no ser lo suficientemente grandes o fuertes.
Cómo actuar desde la familia: Claves prácticas
Fomentar una salud mental en adolescentes equilibrada requiere una comunicación abierta y libre de juicios. No se trata de prohibirles ir al gimnasio, sino de darles herramientas críticas:
Primero, debemos hablar con ellos sobre la diferencia entre salud y estética. Muchos de los cuerpos que ven en redes están retocados, utilizan luces estratégicas o son el resultado de procesos que no son saludables a largo plazo. Según la Organización Mundial de la Salud, el bienestar debe ser integral, abarcando lo físico, lo mental y lo social.
Anímale a seguir cuentas que promuevan un deporte funcional y saludable, y recuerda que tú eres su mayor referente. Si nos escuchan criticar nuestro propio cuerpo o vivir a dieta, ellos normalizarán esa insatisfacción corporal.
Preguntas Frecuentes
Q: ¿Es malo que mi hijo quiera ir al gimnasio a los 14 años?
A: No es malo en sí mismo, pero debe ser supervisado por profesionales para asegurar que los ejercicios sean adecuados para su desarrollo y que el enfoque sea la salud, no la hipertrofia extrema.
Q: ¿Cuándo debería preocuparme por su consumo de proteínas?
A: Cuando los suplementos sustituyen comidas reales o cuando el adolescente cree que no puede progresar sin ellos de forma obsesiva. Consulta siempre con un nutricionista deportivo.
Q: ¿Cómo puedo ayudarle si veo que se siente mal con su cuerpo?
A: Valida sus sentimientos, evita las críticas y, si notas que el malestar persiste o afecta a su vida diaria, busca apoyo de un psicólogo especializado en imagen corporal.