¿Tu hijo tiene buena autoestima o solo mucha confianza? Cómo diferenciarlas y cultivarlas

Niño feliz abrazado por su madre, un ejemplo de cómo fortalecer la autoestima infantil desde casa

En las consultas psicopedagógicas y en los talleres con familias es habitual escuchar los términos autoestima y confianza como si fueran sinónimos. Sin embargo, no lo son. Aunque están estrechamente relacionados y se retroalimentan, responden a parcelas diferentes del desarrollo emocional de un niño. Comprender esta distinción ayuda a saber qué necesita exactamente tu hijo cuando se frustra, cuando evita enfrentarse a un reto o cuando busca constantemente la aprobación externa.

El ser frente al hacer: definiendo ambos conceptos

La autoestima es la valoración profunda y global que una persona tiene de sí misma. Responde a la pregunta de cuánto se quiere alguien o cuál es su valor intrínseco. Un niño con una autoestima sana se siente digno de ser amado, respetado y aceptado por el simple hecho de existir, independientemente de sus éxitos, sus notas o su comportamiento en un momento dado. Es una cualidad estable, interna y profunda.

La confianza en uno mismo (o autoconfianza) está ligada a la capacidad y a la acción. Responde a la pregunta de qué se siente capaz de hacer. Se construye a través de las experiencias vividas, el aprendizaje y la superación de dificultades cotidianas. Un niño puede tener una gran confianza para jugar al fútbol o resolver problemas de matemáticas porque sabe que tiene esas habilidades concretas, pero su autoestima puede ser frágil si siente que solo lo quieren cuando destaca en esas áreas.

El riesgo de un desequilibrio entre valor y capacidad

En el ámbito escolar se observan a menudo perfiles muy definidos que muestran la desconexión entre ambos conceptos. Por un lado, está el menor con una altísima confianza pero una baja autoestima. Son niños que brillan en lo académico o deportivo, que se muestran seguros al realizar tareas conocidas, pero que se derrumban ante el más mínimo error. Para ellos, fallar no es un contratiempo, sino una amenaza directa a su propia valía personal. Su seguridad depende por completo del aplauso ajeno.

Por otro lado, encontramos niños con una autoestima sólida pero baja confianza ante retos nuevos. Se sienten seguros del amor de su familia y se aceptan como son, pero dudan de sus capacidades cuando tienen que enfrentarse a una situación desconocida, como aprender a montar en bicicleta o integrarse en un grupo nuevo de amigos. En este caso, el acompañamiento en casa se centra en animarles a dar pequeños pasos y normalizar el ensayo y error, sabiendo que su valor personal no está en juego.

Herramientas cotidianas para fortalecer ambos pilares en casa

Acompañar el desarrollo emocional de los hijos exige ajustar el tipo de mensajes que les transmitimos a diario. Se pueden aplicar varias estrategias basadas en la disciplina positiva y la práctica psicopedagógica:

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