Qué pasa cuando el colegio separa a los niños por niveles y cómo actuar en casa

Muchos colegios, ante la falta de recursos o buscando una supuesta eficacia metodológica, optan por dividir a los alumnos según su rendimiento académico. Es común ver agrupamientos por niveles en asignaturas como matemáticas o idiomas, creando el grupo de los "rápidos", los "medios" y los "lentos". Aunque pueda parecer una solución práctica para facilitar la labor del docente, la evidencia psicopedagógica y la práctica diaria en los centros escolares demuestran que esta segregación tiene consecuencias contraproducentes en el aprendizaje y en el bienestar emocional de los niños.

El espejismo de las aulas homogéneas

La idea de que enseñar es más fácil si todos los alumnos tienen el mismo nivel de partida es muy tentadora. Sin embargo, la homogeneidad real no existe. Agrupar a los niños por su velocidad al resolver un problema de matemáticas ignora que cada uno tiene ritmos diferentes para la comprensión abstracta, la expresión escrita o la gestión de la frustración. Al forzar esta división, la escuela se aleja de la realidad social, que es intrínsecamente diversa.

Cuando trabajamos en gabinetes escolares orientando a equipos docentes, comprobamos que estas divisiones suelen cronificarse. Lo que empieza como un apoyo temporal para reforzar la lectura suele convertirse en una etiqueta que acompaña al alumno durante todo el ciclo de primaria. Las clases se vuelven estáticas y se pierde la flexibilidad necesaria para atender el desarrollo evolutivo de cada menor.

El efecto Pigmalión y la autoestima herida

El mayor riesgo de separar por niveles reside en el impacto psicológico sobre el autoconcepto del niño. Los alumnos son plenamente conscientes del grupo al que han sido asignados, utilicen los nombres que utilicen en el colegio (ya sean colores, letras o nombres de animales). El grupo de refuerzo envía un mensaje implícito muy claro: "tú no eres tan capaz como los demás".

Aquí entra en juego el efecto Pigmalión: las expectativas del docente y las del propio alumno se adaptan al nivel asignado. El niño que está en el grupo bajo reduce su esfuerzo porque asume que su capacidad es limitada, mientras que el docente, a menudo de forma inconsciente, disminuye el nivel de exigencia y ofrece contenidos menos estimulantes. Por otro lado, los niños situados en el grupo "avanzado" sufren una gran presión por no bajarse de ese pedestal, lo que puede derivar en ansiedad y miedo al error.

Por qué la diversidad es el mejor motor de aprendizaje

La riqueza del aprendizaje surge de la interacción entre iguales. En las aulas heterogéneas, donde conviven niños con distintas capacidades y ritmos, se fomenta de forma natural el aprendizaje cooperativo. La tutoría entre iguales es una de las herramientas educativas más potentes que existen: cuando un alumno explica un concepto a un compañero, necesita estructurar su pensamiento, lo que consolida su propio conocimiento; a su vez, el alumno que recibe la explicación la asimila mejor porque el lenguaje de su compañero le resulta más cercano que el del adulto.

Al segregar por niveles, privamos a los alumnos con más dificultades de modelos de referencia positivos y privamos a los más avanzados de la oportunidad de desarrollar la empatía, la paciencia y las habilidades de comunicación esenciales para la vida.

Cómo actuar desde casa frente a los grupos de nivel

Si el colegio de tus hijos utiliza esta metodología de separación, hay varias acciones que puedes llevar a cabo para proteger su motivación y su desarrollo emocional:

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