Mi ex no da permiso para que nuestro hijo vaya al psicólogo: qué puedes hacer

Madre abraza a su niño triste mientras busca cómo obtener el consentimiento para el psicólogo de su hijo

Una situación más frecuente de lo que parece

En mi trabajo como psicopedagoga en centros escolares y como formadora de familias, me encuentro cada vez más con esta situación: una madre o un padre que ve que su hijo está sufriendo —cambios de humor, llanto sin motivo aparente, dificultades para concentrarse en clase— y que cuando decide buscar ayuda psicológica, el otro progenitor se niega a dar su consentimiento. La sensación de impotencia es enorme. Y la pregunta que siempre surge es: ¿puedo hacer algo o tengo que esperar?

¿Qué dice la ley en España?

Cuando los padres están separados o divorciados y comparten la patria potestad —lo más habitual aunque la custodia sea exclusiva de uno—, las decisiones importantes que afectan al menor requieren el acuerdo de ambos progenitores. Esto incluye, en principio, el inicio de un tratamiento psicológico privado.

Sin embargo, la clave está en distinguir entre distintas vías de acceso a la atención psicológica, porque no todas tienen el mismo estatus legal:

Pasos concretos si el otro progenitor se niega

Lo primero es documentar. Si tu hijo está mostrando señales de que necesita apoyo emocional —informes del tutor, comunicaciones escolares, cualquier registro que refleje cambios de conducta— guárdalos. No como arma, sino como evidencia objetiva de que la necesidad existe.

A partir de ahí, hay varias vías posibles:

Lo que sí puedes hacer en casa mientras tanto

La espera es dura. Y mientras se resuelve la parte legal o se alcanza un acuerdo, tu hijo sigue necesitando apoyo. No tienes que ser terapeuta para ofrecérselo:

Una reflexión desde la práctica

He acompañado a muchas familias en esta situación. La negativa a llevar al hijo al psicólogo pocas veces es mala voluntad pura: suele haber detrás un miedo, una herida no resuelta o una desconfianza que tiene más que ver con la historia de la pareja que con el bienestar real del niño. Entender eso no significa aceptarlo, pero puede ayudar a buscar el camino menos dañino para todos. Y sobre todo, para él.

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