La presión de llegar a todo: lo que nadie te cuenta sobre la maternidad real

Madre exhausta abrazando a su bebé con gesto de cansancio, reflejando la culpa y presión de la maternidad real

Hay una pregunta que me hacen, de una forma u otra, casi todas las familias que acompaño: ¿Estoy haciéndolo bien? La variante más frecuente es más dura todavía: ¿Por qué siento que no llego a nada? La escucho en el posparto inmediato, en los grupos de lactancia, en las visitas domiciliarias y también en los círculos de mujeres. No es una sensación puntual. Es una presión constante, casi estructural, que muchas madres llevan encima desde el momento en que nace su bebé.

El mito de la madre que lo tiene todo bajo control

Vivimos en un momento cultural en el que la maternidad se muestra, sobre todo en redes sociales, como algo que debe gestionarse con eficiencia, estética y equilibrio. La madre que da el pecho a demanda, cocina BLW desde cero, trabaja a jornada completa, mantiene el vínculo de pareja y además tiene tiempo para el autocuidado. Ese personaje no existe. O existe durante quince minutos y luego se desmorona.

El problema no es solo que ese modelo sea irreal: es que genera culpa. Y la culpa en el posparto, especialmente en los primeros meses, tiene un coste muy real sobre el bienestar emocional de quien está criando y, por extensión, sobre toda la familia.

Qué pasa cuando sentimos que no llegamos

Cuando una madre vive en modo permanente de «no llego», suelen aparecer algunas señales que en mi trabajo reconozco enseguida:

Nada de esto es un defecto de carácter. Es la respuesta lógica de una persona sometida a exigencias contradictorias e imposibles de satisfacer todas al mismo tiempo.

Por qué importa nombrar esto en voz alta

Desde que acompaño familias, he visto que uno de los gestos más reparadores que puede tener una madre es escuchar de alguien de confianza: «Lo que sientes es normal, y no es culpa tuya.» No porque esa frase solucione los problemas prácticos, sino porque saca a la madre del aislamiento. La presión de llegar a todo se sostiene, en parte, porque se vive en silencio: cada una piensa que las demás sí llegan, que el problema es suyo.

El concepto de «maternidad real» no es una tendencia ni un eslogan. Es una forma de recordar que la maternidad que vivimos la mayoría se parece muy poco a la que se vende, y que eso no nos hace peores madres: nos hace madres de verdad.

Qué puedes hacer si reconoces esta presión en ti

No tengo varitas mágicas, pero sí algunas cosas que, en mi experiencia acompañando familias, ayudan de verdad:

La pregunta que de verdad importa

En todos los acompañamientos que llevo a mis espaldas, nunca he conocido a una madre que no quisiera hacerlo bien. La pregunta que me parece más útil no es ¿estoy llegando a todo? —esa casi siempre tiene respuesta «no»—, sino ¿estoy presente en lo que importa? Y la respuesta a esa segunda pregunta, en la mayoría de las familias que conozco, es sí.

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