Puntos Clave de esta Guía
- La fiebre no es una enfermedad, sino un síntoma de que el sistema inmunitario del bebé está funcionando correctamente.
- El estado general del bebé (ánimo, hidratación, respiración) es más importante que la cifra exacta del termómetro.
- En bebés menores de 3 meses, cualquier temperatura superior a 38°C se considera una urgencia médica inmediata.
- El objetivo del tratamiento no es normalizar la temperatura a toda costa, sino aliviar el malestar del pequeño.
La fiebre es, posiblemente, el motivo de consulta más frecuente en las guarderías y servicios de urgencias pediátricas en España. Para muchos padres, ver cómo el termómetro sube de los 38 grados desencadena una respuesta de ansiedad inmediata. Sin embargo, en la medicina moderna de 2026, entendemos la fiebre no como el enemigo, sino como una de las herramientas más sofisticadas del organismo.
La fiebre en bebés es una respuesta adaptativa. Es el termostato interno del cuerpo, situado en el hipotálamo, reajustándose para crear un ambiente hostil a virus y bacterias. Si comprendemos este proceso, podemos actuar con la calma y la precisión que nuestro hijo necesita.
Comprendiendo la fiebre en bebés: una respuesta natural del cuerpo
Desde un punto de vista fisiológico, la fiebre es un mecanismo de defensa. Cuando el sistema inmunitario detecta un patógeno (como un virus respiratorio o una bacteria), libera sustancias llamadas pirógenos. Estas señales llegan al cerebro y le ordenan elevar la temperatura corporal para optimizar la respuesta inmunitaria.
Es fundamental distinguir entre fiebre y febrícula. Generalmente, consideramos febrícula cuando la temperatura axilar oscila entre los 37,1°C y los 37,9°C. Hablamos de fiebre propiamente dicha a partir de los 38,0°C (medida rectal) o 37,5°C (medida axilar).
Muchos padres temen que la fiebre alta cause daño cerebral. La evidencia clínica es clara: la fiebre por infección rara vez supera los 41°C y, por debajo de esa cifra, no produce daño neurológico. El verdadero riesgo no reside en la temperatura en sí, sino en la causa subyacente que la provoca.
Cómo medir la temperatura con precisión en 2026
La tecnología de diagnóstico doméstico ha avanzado significativamente, pero la precisión sigue siendo clave. Para obtener una lectura fiable en bebés, existen diversos métodos:
- Termometría Rectal: Sigue siendo el estándar de oro para lactantes y niños menores de 2 años por su precisión en la medición de la temperatura central.
- Termometría Axilar: Es la más común por su comodidad, aunque puede ser menos precisa si el bebé se mueve mucho o tiene la piel húmeda.
- Termómetros de Infrarrojos (Frente u Oído): Muy útiles para cribados rápidos, pero sus resultados pueden variar según la distancia y la técnica. Si un termómetro de frente marca fiebre, siempre es recomendable confirmar con una medición axilar o rectal.
Es importante evitar los antiguos termómetros de mercurio debido al riesgo de toxicidad por rotura. Los dispositivos digitales modernos son rápidos, seguros y muchos permiten sincronizar los datos con aplicaciones de salud para llevar un registro cronológico para el pediatra.
Cuándo acudir a urgencias: las señales de alerta roja
Saber cuándo quedarse en casa y cuándo salir hacia el hospital es la decisión más difícil para una familia. Según la Asociación Española de Pediatría (AEPED), la edad del bebé es el factor determinante más importante.
Bebés menores de 3 meses
En este grupo de edad, cualquier fiebre (38°C o más) debe ser evaluada de inmediato por un pediatra en urgencias. El sistema inmunitario de un recién nacido es inmaduro y las infecciones pueden progresar con gran rapidez sin presentar síntomas externos evidentes.
Señales de alarma en cualquier edad
Independientemente de lo que marque el termómetro, si observa alguno de estos signos, busque atención médica urgente:
- Petequias: Aparición de pequeñas manchas de color rojo oscuro o morado que no desaparecen al estirar la piel o presionar con un vaso.
- Rigidez de nuca: Dificultad o dolor extremo al intentar llevar la barbilla al pecho.
- Letargia profunda: El bebé está excesivamente adormilado, cuesta mucho despertarlo o no interactúa en absoluto.
- Dificultad respiratoria: Si se le marcan las costillas al respirar, hace ruidos extraños o respira muy rápido de forma constante.
- Deshidratación: Boca seca, ausencia de lágrimas al llorar o pañales secos durante más de 6-8 horas.
- Vómitos persistentes: Especialmente si son en proyectil o impiden la hidratación oral.
El mito de los baños de agua fría y el alcohol
Durante décadas, se recomendaba bajar la fiebre con baños de agua fría o incluso friegas de alcohol. Hoy sabemos que estas prácticas son contraproducentes y peligrosas. El alcohol puede ser absorbido a través de la piel, causando intoxicaciones.
Por otro lado, el agua fría provoca escalofríos. El escalofrío es la forma que tiene el cuerpo de generar calor, por lo que un baño frío puede terminar subiendo la temperatura interna del bebé además de generarle un estrés innecesario. Si desea usar medios físicos, use agua tibia y solo si el bebé se siente cómodo con ello.
Manejo del malestar y medicación adecuada
El objetivo principal al tratar la fiebre no debe ser bajar la temperatura a 36,5°C, sino aliviar el malestar. Si un bebé tiene 38,5°C pero está jugando y se hidrata bien, no es estrictamente necesario medicar de inmediato. Si, por el contrario, tiene 37,8°C y está muy irritable y quejumbroso, el tratamiento está justificado.
Los fármacos más comunes son el paracetamol y el ibuprofeno. Es vital seguir estas reglas:
- Paracetamol: Se puede usar desde el nacimiento (siempre bajo supervisión médica en los primeros meses). La dosis se calcula por el peso del bebé, no por la edad.
- Ibuprofeno: No se debe administrar en bebés menores de 6 meses o que presenten signos de deshidratación o problemas renales.
- No alternar: La práctica de alternar ambos fármacos de forma sistemática ya no se recomienda de manera rutinaria, ya que aumenta el riesgo de errores en la dosificación y efectos secundarios sin ofrecer un beneficio clínico superior al uso de un solo fármaco.
La importancia de la hidratación y el reposo
Un bebé con fiebre consume energía y líquidos a un ritmo mucho mayor de lo habitual. La deshidratación es, a menudo, la complicación más seria de los procesos febriles.
Ofrezca líquidos con frecuencia: leche materna, fórmula o, si ya ha iniciado la alimentación complementaria, pequeños sorbos de agua. No fuerce al bebé a comer sólidos si no tiene hambre; la prioridad absoluta es la hidratación. El reposo también es fundamental; el cuerpo necesita dedicar todos sus recursos a combatir la causa de la fiebre.
Convulsiones febriles: un susto que suele ser benigno
Aproximadamente entre el 2% y el 5% de los niños experimentan convulsiones febriles. Aunque son visualmente impactantes y aterradoras para los padres, en la inmensa mayoría de los casos no causan daños a largo plazo ni indican epilepsia.
Suelen ocurrir durante el ascenso rápido de la temperatura. Si esto sucede, coloque al bebé de lado en una superficie segura, lejos de objetos punzantes, y cronometre la duración. Una vez que pase la convulsión, acuda siempre a un centro médico para una evaluación completa.
Evolución esperada y seguimiento
La mayoría de las fiebres en bebés están causadas por infecciones virales que se resuelven solas en un periodo de 3 a 5 días. Durante este tiempo, es normal que la fiebre reaparezca cada vez que se pasa el efecto de los antitérmicos.
Lo que debemos vigilar es la evolución: la fiebre debería ir espaciándose en el tiempo y perdiendo intensidad. Si tras 48-72 horas la fiebre persiste con la misma fuerza o el estado general del niño empeora, es necesario realizar una reevaluación pediátrica para descartar infecciones bacterianas secundarias como otitis, neumonías o infecciones de orina.
Organizaciones de salud global como la Organización Mundial de la Salud (OMS) enfatizan que el seguimiento del calendario de vacunación es la forma más efectiva de prevenir las causas más graves de fiebre en la infancia. Las vacunas protegen contra patógenos que antes causaban fiebres devastadoras, como la meningitis por Haemophilus o el sarampión.
En conclusión, enfrentarse a la fiebre en bebés requiere un equilibrio entre la observación atenta y la calma informada. Al centrarnos en el bienestar general de nuestro hijo y no solo en la cifra del termómetro, estamos proporcionando el mejor cuidado posible.
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¿Le puede salir fiebre al bebé por la salida de los dientes?
Es una creencia común, pero la evidencia clínica indica que la dentición no provoca fiebre alta (superior a 38°C). A lo sumo, puede causar una ligera febrícula o aumento de la temperatura por la inflamación de las encías. Si tu bebé presenta fiebre real coincidiendo con los dientes, es probable que se deba a una infección viral leve y no al proceso de dentición en sí.
¿Debo despertar a mi bebé para darle el antitérmico si está durmiendo?
En general, no es necesario despertar a un bebé que descansa tranquilamente para administrar medicación. El sueño es vital para la recuperación del sistema inmunitario. Solo se recomienda despertarlo si notas que su respiración es dificultosa, está extremadamente inquieto o si el pediatra ha indicado un control estricto por alguna patología previa. Recuerda que tratamos el malestar, no solo la cifra del termómetro.
¿Cómo debo vestir a un bebé que tiene fiebre?
Lo ideal es utilizar ropa ligera de tejidos naturales como el algodón, que permite la transpiración. Evita abrigar al bebé en exceso, ya que esto impide que el calor corporal se disipe, pero tampoco lo dejes totalmente desnudo si el ambiente está fresco. Mantén la habitación a una temperatura agradable (unos 21-22°C) y asegúrate de que no esté expuesto a corrientes de aire directas.
Preguntas Frecuentes
Q: ¿Es fiable usar un termómetro de infrarrojos para tomar una decisión médica?
A: Los termómetros de infrarrojos son excelentes para un cribado rápido, pero su precisión puede variar según la distancia y la técnica. Si el dispositivo marca fiebre, es fundamental confirmar el dato con una medición axilar o rectal antes de tomar medidas, especialmente en lactantes pequeños.
Q: ¿Por qué no se recomienda alternar el paracetamol con el ibuprofeno?
A: Alternar medicamentos aumenta significativamente el riesgo de errores en la dosificación y la aparición de efectos secundarios. El uso de un solo fármaco suele ser suficiente para aliviar el malestar del bebé; la prioridad es mejorar su estado general y no forzar la bajada de la temperatura mediante la combinación de principios activos.
Q: ¿Qué debo hacer si mi bebé tiene un pico de fiebre y empieza a tener escalofríos?
A: Los escalofríos son la respuesta del cuerpo para generar calor y elevar la temperatura. En este momento, evita aplicar paños fríos o baños de agua fría, ya que esto aumentaría el estrés y el malestar del pequeño. Lo más adecuado es mantenerlo cómodo, ofrecerle líquidos con frecuencia y observar su estado de ánimo y respiración.
